
Había una vez una Princesita muy linda que había nacido en una tierra de Llanuras . A pesar de que tenía todo cuanto deseaba y tenía el cariño de cuantos la rodeaban, la princesa no era feliz, ya que ansiaba ir al Norte. Deseaba ver montañas...
Quisiera el destino que un día, esta bella doncella conociese a una Princesa del Norte con la que rápidamente hizo amistad. Horas y horas se pasaron hablando de las tierras altas, de cómo era la vida en aquella Comarca. Mientras escuchaba los relatos de la muchacha norteña, nuestra Princesita soñadora se deleitaba imaginando que su vista se perdía en un horizonte lleno de montañas bajo un cielo azul.
Pero desgraciadamente llegó el día en que las muchachas tuvieron que separarse. Fue un momento muy triste cuando cada una subía a su carroza rumbo a su Corte, pero la amistad entre estas dos Damas continuó y, ambas siguieron manteniendo el contacto escribiéndose cartas regularmente con promesas de un futuro reencuentro.
Pasó el tiempo, y la Princesita se sentía cada vez más sola en su Palacio. Aunque tenía el amor de sus padres, los Reyes, sentía que necesitaba salir y conocer mundo. Debía madurar. Así se lo comunicó al su padre. Tras largos días de debate en la Corte (al fin y al cabo era su única hija, la heredera del reino), finalmente se permitió la emancipación de la bella dama. Por supuesto que le resultó difícil la partida, pero algo en su corazón le decía que todo iba a ir bien en su nuevo Palacio....
Como habréis imaginado, la princesita viajó hacia el Norte. A aquel lugar donde las montañas se funden con el horizonte, a aquel lugar froterizo donde podría comenzar una nueva vida con ayuda de su amiga, la Princesa de las Montañas.
Aún no sabe cuanto tiempo permanecerá allí, pero lo que sí sabe es que es un auténtico placer asomarse a la ventana de su dormitorio y poder divisar las colinas...
* Inciso: ¡Ya funciona internet! Al parecer era un problema con el cortafuegos