De: | 892.56782 |
Enviado el: | 25, April , 6:30:46 am |
Asunto: | (sin asunto) |
Como todo lo importante, ocurriste de repente.
Estas eran las únicas palabras del correo electrónico que acababa de recibir. Sorprendida, me quedé mirando fijamente la pantalla. Lo primero que había hecho nada más llegar a trabajar (a parte de dejar mis cosas amontonadas sobre la mesa) era encender el ordenador. Demasiado temprano, pensé, aún estoy dormida... Pero no, había leído bien. La frase, que estaba en letra cursiva y en negrita, no dejaba lugar a dudas. De cualquiera manera, para mí no tenía ningún sentido, así que supuse que alguien del trabajo se había equivocado (tanto numerito en la dirección del correo interno liaba a cualquiera).
Dejé estos pensamientos de lado y comencé a trabajar. A primera hora tenía reunión con el jefe y los de marketing para últimar los detalles del lanzamiento y luego debía hacer unas llamadas para confirmar los clientes que acudirían a la fiesta de presentación del sábado por la noche. Generalmente le pasaba las llamadas a Iván, el relaciones públicas. Si le encontraba, porque a veces era imposible contactar con él: Siempre en reuniones o con el móvil pegado a la oreja. Por eso aquel día me sorprendió encontrarle sentado solo en su despacho. Estaba frente al ordenador y, cuando me vió entrar alzó la vista pero no me saludó. Rápidamente, le dejé una nota con los números de teléfono sobre su mesa, y me dí la vuelta dispuesta a irme sin hacer el más mínimo ruido. Cuando iba a salir por la puerta, me dijo:
- He oído que cuando lanzemos el producto, te marchas. -Me dijo con una media sonrisa-. Espero que te vaya bien en Londres.
- Así es -asentí-. Os echaré de menos.
Por una parte me daba pena, puesto que había pasado dos años de mi vida trabajando en ese producto y casi lo sentía como algo mío. Pero por otro lado, yo sabía que mis días en esta empresa estaban contados. Me habían contratado para poner en marcha el proyecto, y cuando el proceso finalizara, lo haría también mi contrato. También es cierto que hacía un mes había recibido una oferta de una empresa multinacional, y después de mucho pensarlo, había aceptado. Me tomaría unas vacaciones al finalizar el lanzamiento y después haría las maletas y me marcharía. Total, ya no había nada que me retuviera en Madrid. Mi familia vivía lejos, mis amigos habían hecho su vida y yo no tenía pareja que me atara a esta ciudad.
Pero, curiosamente, en las últimas semanas algo había cambiado. Quizá fuera la complicidad que tenía con los compañeros o que yo me sentía algo triste por mi partida. Y luego estaba Iván. Sí, estoy enamorada de Iván, pero es inalcanzable para mí. Me lo repetía todos los días, como un Mantra. No es que hubiera sido amor a primera vista, pero cualquier mujer en su sano juicio estaría loca por él. De echo todo el personal femenino de la oficina lo estaba. Era el hombre perfecto: Guapo, trabajador, encantador y sin novias conocidas (aunque siempre había rumores). Era... Magnético. Irradiaba algo que no sé como definir.
Es cierto, él también había sido uno de mis condicionantes para aceptar el puesto de Londres. No iba a permitir que un enamoramiento pasajero diera al traste con mi futuro profesional y tampoco quería sufrir más, puesto que estos últimos días se me estaban haciendo insoportables con la presencia de Iván. No, definitivamente irme era lo mejor.
La noche de la fiesta fue fabulosa. El producto encandiló y los clientes nos mostraron sus felicitaciones. Acto seguido mis compañeros me desearon suerte en mi nuevo trabajo y después todo el mundo se dedicó a lo que llevaba deseando hacer desde que había llegado: Beber. Poco a poco me despedidí de mis compañeros y cuando la emoción (y alguna copa de más) habían podido conmigo, decidí acercarme a Iván. Al fin y al cabo habíamos sido compañeros durante dos años.
-Adiós Iván.
-No digas Adiós, sino Hasta Luego -Me sonrió con esa sonrisa suya tan típica, tan familiar.
-De acuerdo, hasta luego -Sonreí. De repente, Iván cogió su americana- ¿Tú también te vas?
-Sí, tengo que ir a mi despacho. Ya sabes, nunca descanso... -me miró. Tenía los ojos rojos, evidentemente el champán estaba afectándonos a todos.-. Cuidate. ¡Y mucha suerte!
-Igualmente. Muchas Gracias. -dije con un hilo de voz.
Cuando llegué a casa, a pesar de que me había hecho la fuerte, me invadió la soledad. No pude evitar encender el ordenador para ver por última vez el correo del trabajo (cerrarían la cuenta al día siguiente) y recordar lo que habían sido esos dos años. Mi corazón se aceleró al ver un sobre parpadeante en el extremo superior de la pantalla.
De: 892.56782
Enviado el: 30, April, 3:45 am
Asunto: (sin asunto)
Como todo lo importante, ocurriste de repente, sin avisar. Llegaste como un soplo de aire fresco, como las lluvias de abril. Y nada pude hacer. Cuando quise darme cuenta, ya me tenías preso. Me había enamorado de tí sin apenas conocerte. ¡Menuda locura!
Ahora mismo me pregunto qué hago escribiendo un correo a una cuenta que no vas a volver a utilizar. Soy un maldito cobarde. Nunca me he atrevido a confesarte mis sentimientos en estos dos años que hemos trabajado juntos. He sido un imbécil y ahora te he perdido para siempre.
Iván
Asunto: (sin asunto)
Como todo lo importante, ocurriste de repente, sin avisar. Llegaste como un soplo de aire fresco, como las lluvias de abril. Y nada pude hacer. Cuando quise darme cuenta, ya me tenías preso. Me había enamorado de tí sin apenas conocerte. ¡Menuda locura!
Ahora mismo me pregunto qué hago escribiendo un correo a una cuenta que no vas a volver a utilizar. Soy un maldito cobarde. Nunca me he atrevido a confesarte mis sentimientos en estos dos años que hemos trabajado juntos. He sido un imbécil y ahora te he perdido para siempre.
Iván
Todos los sentimientos acumulados durante dos años se juntaron y salieron al exterior en forma de lágrimas. Mi cabeza era un torbellino de sentimientos. O ahora o nunca. Así que cogí el móvil y marqué su número.
